Rss Feed
Tweeter button

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Warning: Cannot modify header information - headers already sent by (output started at /usr/home/centroitem.com/web/blog/wp-content/themes/cordobo-green-park-2/header.php:79) in /usr/home/centroitem.com/web/blog/wp-content/themes/cordobo-green-park-2/header.php on line 85

Archivado en 19 febrero 2020

Ejercicio físico ¿Salud o trastorno?

19 febrero, 2020

El ejercicio físico es uno de los pilares fundamentales para conseguir un estilo de vida saludable, tanto a nivel físico como psicológico y se convierte en una recomendación constante de los profesionales de distintas patologías. A pesar de ello, también se relaciona estrechamente con algunos tipos de trastornos de la conducta alimentaria. ¿Dónde está la línea que separa la salud de la enfermedad? ¿Cómo identificar en qué casos se trata de un comportamiento saludable y en qué casos se trata de un síntoma de algo mayor?

Es innegable que el ejercicio físico presenta múltiples beneficios, pero esto no significa todo el mundo que practica actividad física lo haga con intención de mejorar su salud. Es fácil observar cómo en determinadas épocas del año, como son las fiestas de navidad y de verano, que se asocian en la mentalidad colectiva a cambios en el cuerpo. En los medios de comunicación se repite cómo en Navidades se suelen coger kilos o cómo la llegada del verano va asociada a la “operación bikini”. Ambas son épocas en las que la insatisfacción corporal tiende a aumentar y los gimnasios se encuentras con filas de gente dispuestas a apuntarse. En estos casos, parece razonable entender que la principal motivación de estas personas no es mejorar su salud, sino modificar su peso y su cuerpo.

Lo que nos dicen los estudios es que cuando se utiliza el ejercicio físico como forma de controlar o de modificar el cuerpo con un objetivo estético, la probabilidad de que se haga un uso inadecuado aumenta. La insatisfacción corporal, así como la esperanza de sentirse mejor a través de mejorar el peso, suma al ejercicio físico una carga emocional que dificulta realizar esta actividad de una forma saludable. Eso puede dar lugar a un uso inadecuado, aumentando su frecuencia e intensidad, utilizándolo como conducta compensatoria o como forma de regular las emociones.

¿Cómo puedo ser consciente de si realizo actividad física de una forma saludable?

Hay factores que se relacionan con el uso inadecuado de la actividad física y que nos pueden ayudar a identificar si tengo una relación saludable con el ejercicio. Los aspectos más comúnmente comentados, y más sencillos de evaluar, son la realización de actividad física con una duración, frecuencia o intensidad superiores a las recomendadas. Cuando realizo ejercicio de una forma excesiva, favorezco la aparición de lesiones y perjudico a mi cuerpo. Esto es fácilmente comprobable acudiendo a un profesional de la actividad física.

Sin embargo, todo el mundo que realiza un uso inadecuado de la actividad física no tiene por qué realizar ejercicio con la misma frecuencia. Hay un factor que desde el punto de vista psicológico se considera clave para determinar cuándo una conducta es perjudicial: la motivación o la función que cumple para la persona que lo realiza. Cuando hablamos de ejercicio físico compulsivo, nos referimos a aquellas personas que practican actividad física con el objetivo de evitar un estado emocional negativo, como ansiedad, tristeza o culpa. Generalmente, en las personas que presentan ejercicio físico compulsivo, estas emociones aparecen asociadas de alguna forma con la imagen corporal, y el ejercicio se convierte en una forma de recuperar el control y la seguridad en uno mismo. Sin embargo, las emociones pueden estar provocadas por la no realización de la actividad física (ej. “llevo todo el día sentado”, “me siento culpable por no haber ido a correr esta mañana”) o por otros factores no relacionados directamente con la actividad (ej. “me siento inseguro”, “no me gusta mi cuerpo”, “me siento solo”). Cuando el ejercicio físico se realiza con el objetivo de no sentir el malestar asociado a estos estados emocionales, se convierte en una forma de regular nuestras emociones, y poco a poco, en una obligación necesaria para sentirse bien.

A través del tratamiento psicológico, se puede enseñar a los pacientes a identificar la función que el ejercicio físico está cumpliendo en sus vidas y proporcionar nuevas herramientas que permitan a las personas que realizan actividad física de forma compulsiva salir de esa espiral de sufrimiento y tener una relación más saludable con su cuerpo.

Trastornos de la conducta alimentaria y emociones

3 febrero, 2020

Casi todo el mundo piensa que sabe qué es una emoción, hasta que intenta definirla. En ese momento prácticamente nadie afirma poder entenderla” (Wenger, Jones y Jones, 1962)

Las emociones se definen como reacciones rápidas de nuestro cuerpo que utilizamos para percibir y valorar situaciones concretas y que influyen en la forma en la que nos comportamos. Tienen un carácter adaptativo y de cohesión social, ayudándonos a reaccionar de forma apropiada a las distintas situaciones que vivimos. Esto no implica que siempre sean placenteras, pero incluso las emociones más desagradables tienen una importante función en el desarrollo personal.

Es ampliamente conocido que reconocer y expresar nuestras emociones resulta beneficioso para nuestra salud física y psicológica. Las investigaciones encuentran que una regulación emocional adecuada se relaciona con una mayor presencia de estrategias de afrontamiento saludables y con un menor riesgo de desarrollar patologías psicológicas como ansiedad o depresión. En aquellos momentos en los que somos capaces de escuchar y reinterpretar de forma positiva las emociones desagradables, se incrementa la sensación de bienestar físico y psicológico. Por el contrario, cuando inhibimos o negamos las emociones desagradables, esto tiene efectos perjudiciales para el organismo.

Uno de los factores que se asocian en la literatura al desarrollo y mantenimiento de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son los problemas emocionales, así como sus dificultades para reconocerlos y regularlos de una forma que sea adecuada y saludable. En comparación con las personas sin problemas alimentarios, las pacientes con TCA presentan una mayor dificultad para identificar y describir las emociones, lo que se denomina alexitimia, así como formas más inadecuadas para regularlas, como evitación, escape y negación. Se ha observado como los problemas de regulación emocional predisponen la aparición de adicciones, y facilitan la realización de comportamientos disfuncionales como forma de manejar el malestar afectivo. Dentro del TCA se consideran tan relevantes que un gran número de modelos sugiere que los síntomas del trastorno sirven como una forma de evitación o regulación de las emociones desagradables.

En algunos casos, esta regulación emocional disfuncional se produce a través del aumento excesivo del control en otras áreas, como ocurre en el caso del control de la alimentación. En ese caso observamos cómo algunos pacientes realizan frecuentemente dietas, se niegan a consumir ciertos alimentos o reducen las cantidades de comida con el objetivo de sentirse mejor emocionalmente. En otros casos, la ingesta de grandes cantidades de comida con sensación de pérdida de control, lo que conocemos como atracones, aparece como una forma de distraerse o aliviar las emociones desagradables de forma momentánea.

Estos síntomas no se producen de forma consciente o voluntaria, sino que son una respuesta del organismo para hacer frente a problemas que no son capaces de solucionar de otra forma. Por ello, dentro del tratamiento especializado en trastornos de la conducta alimentaria, el aprendizaje de herramientas saludables de regulación emocional es de gran importancia para ayudar a que se reduzcan este tipo de comportamientos poco saludables.

Bibliografía:

-          Brockmeyer, M.G. Holtforth, H. Bents, A. Kammerer, W. Herzog, H.C. Friederich. Starvation and emotion regulation in anorexia nervosa. Comprehensive Psychiatry, 53 (2012), pp. 496-501

-          Mariano Chóliz (2005): Psicología de la emoción: el proceso emocional

-          Corcos, O. Guilbaud, M. Speranza, S. Paterniti, G. Loas, P. Stephan, P. Jeammet. Alexithymia and depression in eating disorders. Psychiatry Research, 93 (2000), pp. 263-266

-          E.M.S. Espeset, K.S. Gulliksen, R.H.S. Nordbø, F. Skårderud, A. Holte. The Link Between Negative Emotions and Eating Disorder Behaviour in Patients with Anorexia Nervosa European Eating Disorders Review, 20 (2012), pp. 451-460

-          Chóliz, M. (2005): Psicología de la emoción: el proceso emocional

-          Calvo, R., Solórzano, G., Morales, C., Kassem, M. S., Codesal, R., Blanco, A.. Procesamiento emocional en pacientes TCA adultas vs. adolescentes: reconocimiento y regulación emocional. Clínica y Salud . 2014 ;  25( 1 ): 19-37.