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Ejercicio físico ¿Salud o trastorno?

19 febrero, 2020 por Item Sin comentarios »

El ejercicio físico es uno de los pilares fundamentales para conseguir un estilo de vida saludable, tanto a nivel físico como psicológico y se convierte en una recomendación constante de los profesionales de distintas patologías. A pesar de ello, también se relaciona estrechamente con algunos tipos de trastornos de la conducta alimentaria. ¿Dónde está la línea que separa la salud de la enfermedad? ¿Cómo identificar en qué casos se trata de un comportamiento saludable y en qué casos se trata de un síntoma de algo mayor?

Es innegable que el ejercicio físico presenta múltiples beneficios, pero esto no significa todo el mundo que practica actividad física lo haga con intención de mejorar su salud. Es fácil observar cómo en determinadas épocas del año, como son las fiestas de navidad y de verano, que se asocian en la mentalidad colectiva a cambios en el cuerpo. En los medios de comunicación se repite cómo en Navidades se suelen coger kilos o cómo la llegada del verano va asociada a la “operación bikini”. Ambas son épocas en las que la insatisfacción corporal tiende a aumentar y los gimnasios se encuentras con filas de gente dispuestas a apuntarse. En estos casos, parece razonable entender que la principal motivación de estas personas no es mejorar su salud, sino modificar su peso y su cuerpo.

Lo que nos dicen los estudios es que cuando se utiliza el ejercicio físico como forma de controlar o de modificar el cuerpo con un objetivo estético, la probabilidad de que se haga un uso inadecuado aumenta. La insatisfacción corporal, así como la esperanza de sentirse mejor a través de mejorar el peso, suma al ejercicio físico una carga emocional que dificulta realizar esta actividad de una forma saludable. Eso puede dar lugar a un uso inadecuado, aumentando su frecuencia e intensidad, utilizándolo como conducta compensatoria o como forma de regular las emociones.

¿Cómo puedo ser consciente de si realizo actividad física de una forma saludable?

Hay factores que se relacionan con el uso inadecuado de la actividad física y que nos pueden ayudar a identificar si tengo una relación saludable con el ejercicio. Los aspectos más comúnmente comentados, y más sencillos de evaluar, son la realización de actividad física con una duración, frecuencia o intensidad superiores a las recomendadas. Cuando realizo ejercicio de una forma excesiva, favorezco la aparición de lesiones y perjudico a mi cuerpo. Esto es fácilmente comprobable acudiendo a un profesional de la actividad física.

Sin embargo, todo el mundo que realiza un uso inadecuado de la actividad física no tiene por qué realizar ejercicio con la misma frecuencia. Hay un factor que desde el punto de vista psicológico se considera clave para determinar cuándo una conducta es perjudicial: la motivación o la función que cumple para la persona que lo realiza. Cuando hablamos de ejercicio físico compulsivo, nos referimos a aquellas personas que practican actividad física con el objetivo de evitar un estado emocional negativo, como ansiedad, tristeza o culpa. Generalmente, en las personas que presentan ejercicio físico compulsivo, estas emociones aparecen asociadas de alguna forma con la imagen corporal, y el ejercicio se convierte en una forma de recuperar el control y la seguridad en uno mismo. Sin embargo, las emociones pueden estar provocadas por la no realización de la actividad física (ej. “llevo todo el día sentado”, “me siento culpable por no haber ido a correr esta mañana”) o por otros factores no relacionados directamente con la actividad (ej. “me siento inseguro”, “no me gusta mi cuerpo”, “me siento solo”). Cuando el ejercicio físico se realiza con el objetivo de no sentir el malestar asociado a estos estados emocionales, se convierte en una forma de regular nuestras emociones, y poco a poco, en una obligación necesaria para sentirse bien.

A través del tratamiento psicológico, se puede enseñar a los pacientes a identificar la función que el ejercicio físico está cumpliendo en sus vidas y proporcionar nuevas herramientas que permitan a las personas que realizan actividad física de forma compulsiva salir de esa espiral de sufrimiento y tener una relación más saludable con su cuerpo.

Trastornos de la conducta alimentaria y emociones

3 febrero, 2020 por Item Sin comentarios »

Casi todo el mundo piensa que sabe qué es una emoción, hasta que intenta definirla. En ese momento prácticamente nadie afirma poder entenderla” (Wenger, Jones y Jones, 1962)

Las emociones se definen como reacciones rápidas de nuestro cuerpo que utilizamos para percibir y valorar situaciones concretas y que influyen en la forma en la que nos comportamos. Tienen un carácter adaptativo y de cohesión social, ayudándonos a reaccionar de forma apropiada a las distintas situaciones que vivimos. Esto no implica que siempre sean placenteras, pero incluso las emociones más desagradables tienen una importante función en el desarrollo personal.

Es ampliamente conocido que reconocer y expresar nuestras emociones resulta beneficioso para nuestra salud física y psicológica. Las investigaciones encuentran que una regulación emocional adecuada se relaciona con una mayor presencia de estrategias de afrontamiento saludables y con un menor riesgo de desarrollar patologías psicológicas como ansiedad o depresión. En aquellos momentos en los que somos capaces de escuchar y reinterpretar de forma positiva las emociones desagradables, se incrementa la sensación de bienestar físico y psicológico. Por el contrario, cuando inhibimos o negamos las emociones desagradables, esto tiene efectos perjudiciales para el organismo.

Uno de los factores que se asocian en la literatura al desarrollo y mantenimiento de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son los problemas emocionales, así como sus dificultades para reconocerlos y regularlos de una forma que sea adecuada y saludable. En comparación con las personas sin problemas alimentarios, las pacientes con TCA presentan una mayor dificultad para identificar y describir las emociones, lo que se denomina alexitimia, así como formas más inadecuadas para regularlas, como evitación, escape y negación. Se ha observado como los problemas de regulación emocional predisponen la aparición de adicciones, y facilitan la realización de comportamientos disfuncionales como forma de manejar el malestar afectivo. Dentro del TCA se consideran tan relevantes que un gran número de modelos sugiere que los síntomas del trastorno sirven como una forma de evitación o regulación de las emociones desagradables.

En algunos casos, esta regulación emocional disfuncional se produce a través del aumento excesivo del control en otras áreas, como ocurre en el caso del control de la alimentación. En ese caso observamos cómo algunos pacientes realizan frecuentemente dietas, se niegan a consumir ciertos alimentos o reducen las cantidades de comida con el objetivo de sentirse mejor emocionalmente. En otros casos, la ingesta de grandes cantidades de comida con sensación de pérdida de control, lo que conocemos como atracones, aparece como una forma de distraerse o aliviar las emociones desagradables de forma momentánea.

Estos síntomas no se producen de forma consciente o voluntaria, sino que son una respuesta del organismo para hacer frente a problemas que no son capaces de solucionar de otra forma. Por ello, dentro del tratamiento especializado en trastornos de la conducta alimentaria, el aprendizaje de herramientas saludables de regulación emocional es de gran importancia para ayudar a que se reduzcan este tipo de comportamientos poco saludables.

Bibliografía:

-          Brockmeyer, M.G. Holtforth, H. Bents, A. Kammerer, W. Herzog, H.C. Friederich. Starvation and emotion regulation in anorexia nervosa. Comprehensive Psychiatry, 53 (2012), pp. 496-501

-          Mariano Chóliz (2005): Psicología de la emoción: el proceso emocional

-          Corcos, O. Guilbaud, M. Speranza, S. Paterniti, G. Loas, P. Stephan, P. Jeammet. Alexithymia and depression in eating disorders. Psychiatry Research, 93 (2000), pp. 263-266

-          E.M.S. Espeset, K.S. Gulliksen, R.H.S. Nordbø, F. Skårderud, A. Holte. The Link Between Negative Emotions and Eating Disorder Behaviour in Patients with Anorexia Nervosa European Eating Disorders Review, 20 (2012), pp. 451-460

-          Chóliz, M. (2005): Psicología de la emoción: el proceso emocional

-          Calvo, R., Solórzano, G., Morales, C., Kassem, M. S., Codesal, R., Blanco, A.. Procesamiento emocional en pacientes TCA adultas vs. adolescentes: reconocimiento y regulación emocional. Clínica y Salud . 2014 ;  25( 1 ): 19-37.

¿Cómo afectan las redes sociales a nuestra autoestima?

27 junio, 2019 por Item Sin comentarios »

La insatisfacción con la imagen corporal es un importante factor de riesgo para el desarrollo de los trastornos alimentarios. A pesar de que este tipo de trastornos presentan múltiples variables asociadas a la patología (factores biológicos, psicológicos y sociales), se trata también de un trastorno que no puede entenderse fuera de su contexto social. La relación que una persona mantiene con su cuerpo ha ido evolucionando a lo largo de la historia, y los estudios demuestran que la insatisfacción con respecto al cuerpo, sobre todo en el caso de las mujeres, ha aumentado de forma significativa a lo largo del siglo XX.

Una de las explicaciones más usuales para explicar este aumento de la insatisfacción es el desarrollo de los medios de comunicación que se ha producido en el último siglo. Numerosos estudios han encontrado una influencia de los medios de comunicación en el desarrollo de los trastornos alimentarios, especialmente en el caso de la publicidad, y en edades cada vez más tempranas.  Un ejemplo prototípico de esta relación, es el estudio llevado a cabo en las islas Fiyi (más información aquí) que mostraba como al introducir los medios de comunicación occidentales en la sociedad fiyiana, aumentó considerablemente la presencia de insatisfacción corporal y el desarrollo de trastornos alimentarios.

Los adolescentes son el grupo de edad con más riesgo de desarrollar insatisfacción corporal y trastornos alimentarios por la etapa evolutiva en la que se encuentran. Es una época de cambios físicos y psicológicos, en la que el grupo de iguales cobra una especial importancia. Actualmente, el medio de comunicación más utilizado por este sector de edad es Internet, y dentro de éste, las redes sociales. Puesto que en las redes sociales se cargan unas 10 millones de fotografías nuevas cada hora, proporcionan a los adolescentes un entorno susceptible a la comparación social relacionada con la apariencia, lo cual puede contribuir a aumentar la preocupación con la propia imagen corporal.

Por este motivo, el Centro ITEM  realiza talleres de concienciación y de crítica al ideal estético en esta población, con el objetivo de proporcionar herramientas útiles para desarrollarse de forma saludable en este tipo de ámbitos. Aprovechando estos talleres, comenzamos una investigación en distintos centros educativos de la Comunidad de Madrid, con adolescentes de una edad comprendida entre los 12 y los 14 años, en la que evaluábamos a través de una entrevista semiestructurada sus hábitos de consumo de redes sociales, así como la insatisfacción que sientan con su cuerpo a través de varios cuestionarios.

Los resultados más interesantes de nuestra investigación muestran que en una población de 200 participantes, sólo un 4,6% no tenía redes sociales. Un cuarto de los participantes se iniciaron en las redes sociales antes de cumplir 11 años y actualmente casi la mitad de los participantes tenía más de 3 redes sociales (43,4%). El 83,5% sigue en su red preferida a más de 100 personas y el 66% a más de 300. Cuando relacionamos estos datos con la insatisfacción que sentían los participantes respecto a su propio cuerpo, encontramos que a más redes sociales utilizadas, mayor era la insatisfacción corporal en el caso de las chicas. En los chicos, la insatisfacción corporal se relacionaba con la mayor frecuencia de uso de las redes y no con la cantidad.

Evaluamos también la influencia que ejercían las redes sociales en los individuos, teniendo en cuenta cómo afectaban a su estado de ánimo, a su comportamiento y a sus emociones, y encontramos que a mayor número de seguidores, mayor era la influencia de las redes sociales. De la misma forma, a mayor influencia de las redes sociales, mayor era la insatisfacción corporal.

Las redes sociales no son inocuas y pueden ayudar a incrementar el malestar que siente una persona con respecto a sí misma.  En edades tempranas, es necesario que el consumo de redes sociales esté supervisado por parte de los padres, así como que se marquen pautas acerca de los momentos y la duración en la que pueden utilizarse. Teniendo en cuenta nuestra propia utilización de las redes sociales, parece importante que evaluemos qué función cumplen las redes sociales en nuestra vida, y qué efectos tienen sobre la forma en la que pensamos de nosotros mismos.

REFERENCIAS:

-          Fardouly, J., Diedrichs, P. C., Vartanian, L. R., & Halliwell, E. (2015). Social comparisons on social media: The impact of Facebook on young women’s body image concerns and mood. Body image, 13, 38-45.

-          Becker, A., Gilman, S.E. y Burwell, R.A. (2005) Changes in Prevalence of Overweight and in Body Imagen among Fijian Women between 1989 and 1998. Obesity Research, 13(1), 110-117.

-          Mas-Manchón, L., Rodríguez-Bravo, A., Montoya-Vilar, N., Morales-Morante, F., Lopes, E., Añaños, E., Peres, R., Martínez, M y Grau, A. (2015) Valores percibidos en la publicidad de alimentos por jóvenes con y sin trastornos de la conducta alimentaria. Salud Colectiva, 11(3), 423.

-        Lazo Montoya, Y., Quenaya, A. y Mayta-Tristán, P. (2015) Influencia de los medios de comunicación y el riesgo de padecer trastornos de la conducta alimentaria en escolares mujeres en Lima, Perú. Archivos Argentinos de Pediatría, 113, 519-525.

Estigmatización de la obesidad

16 abril, 2019 por Item Sin comentarios »

Los alarmantes índices de obesidad han ocasionado que se difunda la atención hacia las consecuencias médicas de este problema de salud pública. Sin embargo, con frecuencia se ignoran los obstáculos sociales y personales que enfrentan las personas con sobrepeso y obesidad. La predisposición, el estigma y la discriminación debidos al peso corporal son experiencias frecuentes para muchas personas con obesidad, y tienen serias consecuencias en su bienestar social y en su salud general. Debido a que por lo menos la mitad de la población estadounidense tiene obesidad, el número de personas que potencialmente enfrenta la discriminación y el estigma es inmenso.”

Rebecca Puhl, PhD. Coordinadora de las Iniciativas relacionadas con la Comunidad y el Peso Corporal del Rudd Center for Food Policy & Obesity at Yale University.

Se denomina estigma a la condición o rasgo de una persona que hace que se la incluya dentro de una categoría social que es menospreciada. En problemas de salud, este estigma se produce cuando los individuos sienten una especial responsabilidad y culpa ante la sociedad en relación a las causas que han generado un determinado problema de salud o a las que han motivado a que El éste se mantenga en el tiempo. Cuando hablamos acerca del estigma relacionado con el peso o la obesidad, este se caracteriza por la tendencia a realizar juicios y llevar a cabo acciones negativas relacionadas con el peso corporal hacia una persona con sobrepeso u obesidad. De forma internacional, también se denomina coloquialmente como “fat-shaming”.

En otras entradas (click aquí) se ha comentado como los medios de comunicación tienden a mostrar a personas con un cuerpo extremadamente delgado, relacionando su físico con la obtención de la felicidad y el éxito social. El proceso es el mismo cuando aparecen en los medios personas con sobrepeso y obesidad, puesto que también se presentan múltiples estereotipos relacionados con su cuerpo. Se trata de dos caras de la misma moneda.

La obesidad suele prejuzgarse en la sociedad como el resultado de la falta de disciplina individual, sin tener en cuenta otros factores personales, sociales o ambientales que puedan estar influyendo en el proceso. En los medios de comunicación, cuando salen personas con exceso de peso, además suelen estar retratadas como personas carentes de valores fundamentales y son frecuentemente ridiculizadas y culpadas por su peso.

El estigma está causado principalmente por falsas creencias sobre la “controlabilidad del peso”:

-        Se cree que señalar o avergonzar a una persona la motiva a perder peso

-        Se cree que la persona es responsable de su propio peso y no adelgaza porque tiene insuficiente disciplina o carece de voluntad

Hombres y mujeres no se someten a este estigma de forma equiparable. Estudios han comprobado que las mujeres con obesidad tipo I, con un índice de masa corporal entre 30 y 35, presentaban tres veces más posibilidades de ser discriminadas por su peso que los hombres. Además, se enfatiza que las mujeres, independientemente del tipo de obesidad que padezcan, presentan mayores costes familiares y personales en su vida privada, encontrándose bajo una fuerte presión social en relación a su peso.

A pesar de que la obesidad se considera uno de los problemas de salud más importantes actualmente, este aumento de conciencia ha provocado un alto grado de estigmatización que suscita discriminación, disminuyendo la calidad de vida de los individuos.

Mantener este estigma tiene muchas consecuencias y efectos sobre la salud. Las personas que sufren el estigma tienen un mayor riesgo a desarrollar problemas psicológicos como baja autoestima, insatisfacción con su imagen corporal, pensamientos de muerte, ansiedad, depresión o trastornos de la conducta alimentaria, además de tener efectos directos en la salud como consecuencia del estrés.

Bibliografía:

De Domingo, M. y López, J. (2014) La estigmatización social de la obesidad. Cuadernos de Bioética, 25(2)  273-284

Guerrero, M.M, Lobera, I.J. (2004) La imagen de la mujer en los medios de comunicación: Textos periodísticos y publicitarios. Espéculo Rev Estud Lit Univ Complut Madrid;33:1–19

Perfeccionismo: Factor de riesgo para el desarrollo de un trastorno de la conducta alimentaria

1 abril, 2019 por Item Sin comentarios »

El perfeccionismo se define como “la práctica de exigirse a sí mismo o a los demás una mayor calidad en el rendimiento de la que es requerida por la situación”.  Se trata de una característica de la personalidad que puede resultar perjudicial, ya que las personas que tienen unos niveles altos, tienden a establecer metas muy difíciles de cumplir y supeditan su autoestima a la consecución de esas metas. Esto hace que en múltiples ocasiones se sientan frustradas o poco válidas, perjudicando a su autoestima. Generalmente, estos esfuerzos orientados a alcanzar metas poco realistas está esencialmente motivado por una cierta incapacidad para tolerar el fracaso o el fallo.

El perfeccionismo elevado se ha identificado como una característica de personalidad presente habitualmente en las personas que acaban desarrollando trastornos de la conducta alimentaria. Específicamente, parece jugar un papel importante en el mantenimiento de la anorexia y la bulimia nerviosa, especialmente durante la época de la adolescencia, donde se considera un predictor de mal ajuste y de estrés.

La relación entre perfeccionismo y conductas alimentarias se ha encontrado incluso en población sana. Esta relación es especialmente fuerte cuando hablamos del perfeccionismo auto orientado, es decir, la imposición personal de estándares muy elevadas, que predice la realización de dietas, de ejercicio físico compulsivo, descontrol en la ingesta y vómitos, así como desarrolla un aumento de la sintomatología emocional y el malestar psicológico.

Ya en los años 70, Hilde Brunch, pionera en esta patología, identifica a las chicas que padecen anorexia nerviosa como “la idea de perfección de todo padre y profesor”.  Las personas con Anorexia nerviosa se caracterizan por tener altas expectativas que aplican en situaciones académicas, profesionales, en sus interacciones sociales y, por supuesto, en su conducta alimentaria. El perfeccionismo puede ser ser un factor importante que contribuye a mantener la restricción necesaria para mantenerse en un muy bajo peso.

En el caso de la bulimia nerviosa, esta relación puede ser más difícil de comprender. Las personas que padecen esta patología se caracterizan por presentar episodios en los que comen grandes cantidades de comida y en los que sienten que pierden el control, lo que se ha denominado atracón. La forma que tienen de evaluarse a sí mismas es a través del control de esos atracones, así como de su peso y su silueta. En este caso, la propia frustración y la sensación de ineficacia es lo que provoca que sean muy estrictas con ellas mismas, posiblemente debido al miedo a recibir una evaluación negativa por parte de la gente de su alrededor.

Los estudios indican que aquellos pacientes con Anorexia Nerviosa que presentan niveles más altos de perfeccionismo tienden a tener un peor pronóstico durante el tratamiento, con una alta frecuencia de abandonos y un pronóstico desfavorable a los 5-10 años de ser hospitalizadas por el trastorno. A pesar de ello, uno de los objetivos de los tratamientos especializados en trastornos de la conducta alimentaria es ayudar a disminuir los niveles de perfeccionismo, encontrando estudios científicos que avalan su eficacia, especialmente en el caso de las personas con Bulimia Nerviosa. Puesto que el perfeccionismo se relaciona con un mayor riesgo de recaídas, trabajar con las altas expectativas de los pacientes en distintos ámbitos de su vida resulta de especial relevancia para conseguir un mejor pronóstico a largo plazo.

Bibliografía:

Pamies, L., & Quiles, Y. (2014). Perfeccionismo y factores de riesgo para el desarrollo de trastornos alimentarios en adolescentes españoles de ambos géneros. Anales de psicología, 30(2), 620-626.

Paredes, K. F., Mancilla-Díaz, J. M., Vásquez-Arévalo, R., Rayón, G. Á., & Aguilar, X. L. (2011). El papel del perfeccionismo en la insatisfacción corporal, la influencia sociocultural del modelo de delgadez y los síntomas de trastorno del comportamiento alimentario. Universitas Psychologica, 10(3), 829-840.

Bardone-Cone, A., Wonderlich, S., Frost, R., Bulik, C., Mitchell, J., Uppala, S. y Simonich, H. (2006) Perfectionism and eating disorders: Current status and future directions. Clinical psychology Review, 27, 384-405

Insatisfacción corporal: Factor de riesgo para el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria

25 febrero, 2019 por Item Sin comentarios »

La insatisfacción con la imagen corporal es uno de los factores de riesgo más asociados al desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria como anorexia o bulimia. La insatisfacción se define como la valoración negativa de la imagen corporal percibida y es producida por la distancia que existe entre la imagen corporal que percibe el individuo y la imagen corporal que considera ideal. La imagen corporal que tiene una mujer sobre sí misma es un elemento fundamental en cómo se ve y se siente consigo misma. Por ello, estar insatisfecho con la imagen corporal puede ser el origen de ciertos trastornos, entre ellos los trastornos de la conducta alimentaria (Lazo-Montoya et al, 2015; Mas-Manchon et al, 2015).

La imagen corporal ideal se construye y se desarrolla culturalmente, pudiendo encontrar en distintas épocas de la historia una visión distinta de lo que es un cuerpo perfecto. El actual canon de belleza se considera inalcanzable para la mayor parte de la población. Este canon representa a una mujer de origen caucásico, excesivamente delgada, de clase media alta y de edad joven. Este canon se ha ido extendiendo progresivamente hacia la niñez, difundiendo a través de distintos medios de comunicación la imagen de niñas y adolescentes delgados y con una imagen más adulta y sexualizada de lo que les corresponde por edad. Estas imágenes de cuerpos delgados además se presentan en los medios de comunicación asociadas a estereotipos y rasgos positivos, como la popularidad,  el éxito y la inteligencia (Lazo-Montoya et al, 2015; Mas-Manchon et al, 2015).

La insatisfacción corporal ha crecido en la población, y estudios realizados en 2017 indican que a partir de los 5 años los niños ya comienzan a estar insatisfechos con su cuerpo, y entre los 8 y los 11 años un 50,6% de los niños revelaban no encontrarse satisfechos con la forma de su cuerpo. En el caso de las niñas, un 45,1% deseaban estar más delgadas (Skemp-Arit et al, 2006). Desde hace más de 30 años, las investigaciones muestran como los modelos estéticos que imperan en los medios de comunicación incrementan la insatisfacción con su cuerpo de las mujeres, aumentando el riesgo de sufrir TCA. Los ideales culturales de belleza y atractivo se modelan y se refuerzan a través de la sociedad, donde los medios de comunicación son uno de los factores más fuertes y poderosos. Un ejemplo de ello es que los casos de TCA han aumentado de forma dramática paralelamente a la disminución del peso corporal de las mujeres que aparecen en los medios de comunicación.

Uno de los ejemplos más conocidos y representativos de la importancia de los medios de comunicación y el ideal estético en el desarrollo de patología alimentaria es el llevado a cabo por Becker et al (2005) en las islas Fiyi.  Tradicionalmente, los hombres y mujeres indígenas de las islas Fiyi admiraban los cuerpos robustos, asociando su constitución física con la salud, el poder y la prosperidad. Los cuerpos grandes se asociaban con características como el vigor, la fuerza y la mayor capacidad para trabajar duro. A raíz de los cambios experimentados en los últimos 30 años, las islas Fiyi han vivido un periodo de cambios económicos, políticos y sociales, viviendo un proceso de globalización y siendo expuestos a los valores, estándares e imágenes de los medios de comunicación occidentales. Los estudios indican que conforme se ha producido este  proceso de globalización, se ha producido una transición hacia un cuerpo ideal  más delgado. Tanto los hombres como las mujeres desean actualmente un cuerpo ideal significativamente más delgado que el tamaño corporal actual percibido, especialmente en las zonas urbanas. De la misma forma, se ha observado de forma paralela un incremento de actitudes relacionadas con trastornos alimentarios y una disminución de la insatisfacción corporal.

Bibliografía:

-          Skemp-Arlt, K. M., Rees, K. S., Mikat, R. P., & Seebach, E. E. (2006). Body image dissatisfaction among third, fourth, and fifth grade children. Californian Journal of Health Promotion, 4(3), 58-67.

-          Becker, A., Gilman, S.E. y Burwell, R.A. (2005) Changes in Prevalence of Overweight and in Body Imagen among Fijian Women between 1989 and 1998. Obesity Research, 13(1), 110-117.

-          Mas-Manchón, L., Rodríguez-Bravo, A., Montoya-Vilar, N., Morales-Morante, F., Lopes, E., Añaños, E., Peres, R., Martínez, M y Grau, A. (2015) Valores percibidos en la publicidad de alimentos por jóvenes con y sin trastornos de la conducta alimentaria. Salud Colectiva, 11(3), 423.

-          Lazo Montoya, Y., Quenaya, A. y Mayta-Tristán, P. (2015) Influencia de los medios de comunicación y el riesgo de padecer trastornos de la conducta alimentaria en escolares mujeres en Lima, Perú. Archivos Argentinos de Pediatría, 113, 519-525.

Mitos de los trastornos de la conducta alimentaria VII

11 febrero, 2019 por Item Sin comentarios »

Mi hijo/a es demasiado joven para desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria

Como ya hemos comentado en otros momentos, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son más frecuentes en mujeres adolescentes y jóvenes-adultos.  La mayor parte de las personas que desarrollan este tipo de trastornos, comienzan con la patología entre los 13 y los 18 años, ya que la pubertad se considera un momento que especial vulnerabilidad para el inicio del trastorno. Sin embargo, muchas de las pacientes que llegan a la clínica muestran síntomas desde la infancia.

A pesar de la gravedad, este hecho no es extraño, ya que un estudio realizado en 261 niños estadounidenses de entre 8 y 11 años revela que un 50,6% de los niños evaluados no se encontraba satisfecho con la forma de su cuerpo y un 41,8% quería ser más delgado. Esta cifra era especialmente preocupante en el caso de las chicas, donde la cifra ascendía hasta un 45,1% de las niñas que querían ser más delgadas.

¿Qué caracteriza el TCA en la infancia?

No existe una evidencia clara acerca de factores de riesgo del trastorno de la conducta alimentaria de inicio en la infancia. Sin embargo, sí que se ha observado que ciertos pacientes que desarrollan un trastorno de la conducta alimentaria han tenido sobrepeso u obesidad durante su infancia, acoso o burlas por parte de sus iguales o un entorno cercano que daba mucha importancia a la imagen corporal.

Los comportamientos que se han observado más frecuentemente en los niños que desarrollan posteriormente un trastorno de la conducta alimentaria son evitar mostrar el cuerpo o sentir un gran desagrado hacia él, intentar reducir las cantidades de comida con intención de bajar de peso, así como comer a escondidas y acumular comida en su cuarto. Las cifras indican que en las últimas décadas los trastornos del comportamiento alimentario en edad pediátrica se han incrementado. Este incremento puede deberse tanto a un incremento real de las cifras como a una mayor capacidad de identificación de la sintomatología por parte de los profesionales y las familias.

Detectar un trastorno de la conducta alimentaria durante la infancia es difícil. A pesar de ello, los estudios muestran que los TCA en edad pediátrica presentan una serie de características que mejoran el pronóstico en relación a los adultos. En estos casos, el tiempo de evolución del trastorno es menor, hay una menor mortalidad, mayores tasas de curación y la figura de los padres permite una cierta supervisión y apoyo durante todo el tratamiento. Por ello es importante identificar y no minimizar las señales que indican un posible trastorno y acudir a un profesional especializado que evalúe el caso para determinar el tratamiento necesario.

Bibliografía:

-          Guerro-Prado, D; Bariau-Romero, J.M. y Chinchilla-Moreno, A. (2001) Actas Españolas de Psiquiatría; 29(6): 403-410

-          Skemp-Arlt, K. M., Rees, K. S., Mikat, R. P., & Seebach, E. E. (2006). Body image dissatisfaction among third, fourth, and fifth grade children. Californian Journal of Health Promotion4(3), 58-67.

Mitos de los trastornos de la conducta alimentaria VI

21 enero, 2019 por Item Sin comentarios »

Los trastornos de la conducta alimentaria son cosa de chicas. No tengo por qué preocuparme de mi hijo varón.

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) han sido frecuentemente considerados como una patología femenina. Es cierto que la prevalencia de los TCA es mucho más alta en mujeres, pero a pesar de ello, un 10% de los casos que se ven en la clínica corresponden a varones(Toro et al, 2012; Vázquez et al, 2006).

El primer caso documentado de TCA en varones se produjo en 1694. Sin embargo, debido a que la mayor parte de los estudios se han llevado a cabo con una muestra femenina, el desarrollo de los criterios diagnósticos y su etiopatogenia se ha basado casi en exclusiva en los pacientes femeninos. Por ello, es probable que muchos casos de varones con TCA no logren ser identificados ya que su evaluación no siempre se desarrolla apropiadamente. Esto se debe a que la mayoría de instrumentos que evalúan TCA están orientados a mujeres. Por tanto, las cifras de varones con este tipo de problemas podrían estar infravaloradas. De hecho, los estudios indican que en las últimas décadas la insatisfacción corporal ha aumentado significativamente en los hombres, llegando a alcanzar el 43% de varones insatisfechos con su cuerpo. (Toro et al, 2012; Vázquez et al, 2006).

¿Tengo que preocuparme?

Independientemente del género, las investigaciones indican que los trastornos de la conducta alimentaria son patologías graves con graves consecuencias médicas y psicológicas, que requieren de un tratamiento multidisciplinar y especializado para mejorar. A pesar de que la frecuencia de hombres con trastornos alimentarios es baja, los hombres que sufren TCA tienden a tener síntomas más graves, con una mayor frecuencia de vómitos, abuso de laxantes, diuréticos y otras sustancias. De la misma forma, se ha comprobado que pueden tener una menor conciencia de enfermedad, debido precisamente a que este tipo de trastornos se identifican socialmente con mujeres.

¿Cómo saber si un varón tiene TCA?

Conforme se ha empezado a investigar la imagen corporal en los hombres se ha descubierto que muchos de los hallazgos basados en la investigación con mujeres pueden ser generalizados a los hombres.  Los hombres y las mujeres con trastornos de la conducta alimentaria comparten una serie de síntomas: la reducción de la ingesta con intención de bajar de peso, la presencia de atracones o consumo de una gran cantidad de alimentos con sensación de pérdida de control y la insatisfacción corporal. Sin embargo, existen diferencias asociadas con el ideal corporal, ya que existen diferencias culturales entre lo que se encuentra atractivo en un hombre y una mujer. En las mujeres se fomenta tener un cuerpo delgado, mientras que en los hombres se enfatiza la necesidad de tener un cuerpo musculoso. Por ello es más frecuente que se sientan insatisfechos si no alcanzan la musculatura y corpulencia que creen que deberían tener (Toro, 2012; Vázquez et al, 2006)

Independientemente de estas diferencias, podemos sospechar de la presencia de un trastorno de la conducta alimentaria cuando:

-          Su peso aumenta o disminuye significativamente sin una causa justificada

-          Siente una gran insatisfacción con su cuerpo e intenta evitar mostrarlo (poniéndose ropa ancha, por ejemplo)

-          Tiene miedo a engordar y/o un rechazo exagerado al sobrepeso

-          Realiza dietas restrictivas y/o tiene una preocupación constante con la comida, evita situaciones que implican comer (por ejemplo, reuniones familiares)

-          Practica ejercicio físico de forma compulsiva con el objetivo de mejorar su cuerpo

-          Comienza a aislarse, su rendimiento académico o laboral se altera (mejora o empeora de forma significativa), se muestra irritable, triste o ansioso con una frecuencia mayor a lo esperable

¿Cómo conseguir que acuda a tratamiento?

Si necesitas asesoramiento acerca de cómo ayudar a que un ser querido acuda a tratamiento pincha aquí o manda un email a info@centroitem.com

Referencias:

-          Compte, EJ y Sepúlveda, AR (2014) Dismorfia muscular: una perspectiva histórica y actualización en su diagnóstico, evaluación y tratamiento. Behavioral Psychology, 22 (2), 307-326

-          Toro, J., Walters-Pacheco, K.Z. y Sánchez, I. (2012) The body fit: masculinity, body image and eating disorders in university male athletes. Actas de investigación psicológica, 2(3) 842-857

-          Vázquez, R., Álvarez, R.L., Mancilla, J.M. y Oliva, A. (2006) Bodily dissatisfaction and influence of aesthetic models on children and young mexican males. Enseñanza e investigación en psicología, 11(1), 185-197

Mitos de los trastornos de la conducta alimentaria V

7 diciembre, 2018 por Item Sin comentarios »

Si una persona no está extremadamente delgada, no está enferma

La Anorexia Nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) que se caracteriza por una pérdida significativa de peso y la presencia de un índice de masa corporal inferior a lo esperable para la edad y el sexo de la persona que lo padece. A pesar de ser uno de los TCA más conocidos y que más se han mostrado a través de los medios de comunicación no se trata del trastorno alimentario más frecuente en la población.

En España, las investigaciones indican que la prevalencia de los trastornos de la conducta alimentaria se encuentra entre el 4,1 y 6,4% de las mujeres de entre 12 y 21 años, ya que este sector de la población es el que se considera de mayor riesgo para desarrollar esta patología. En el caso específico de la Anorexia Nerviosa, la prevalencia disminuye a un rango entre el 0,14% y el 0,9% de las mujeres entre 12 y 21 años (Raich, 2011; Ministerio de Sanidad y Consumo, 2009). Estas cifras son un ejemplo que nos indica que la mayor parte de los pacientes que presentan un trastorno de la conducta alimentaria no tienen por qué encontrarse en un peso bajo.

Valorar la pérdida de peso como el principal síntoma de un trastorno de la conducta alimentaria no sólo implica mantener un mito, sino que además puede llevarnos a subestimar la gravedad de la patología alimentaria o ayudar a desarrollar angustia en la persona que lo sufre por miedo a no estar “suficientemente enferma” o no merecer tratamiento.

Un gran número de personas que sufre un trastorno de la conducta alimentaria no pierden peso, e incluso pueden aumentar de peso como resultado de su trastorno.

¿Es menos grave un trastorno si no me encuentro en bajo peso?

Todos los trastornos de la conducta alimentaria implican graves consecuencias para la salud. En el caso de la anorexia nerviosa, podemos encontrar complicaciones metabólicas (Hipercolesterolemia, distermia, hipercarotinemia), complicaciones cardiovasculares (bradicardia, hipotensión), renales (alteraciones hidroeléctricas, fallo renal), entre otras muchas.

En el caso de la bulimia nerviosa, encontramos también complicaciones metabólicas (alcalosis hipoclorémica), cardiovasculares (prolapso mitral), renales (alteraciones hidroeléctricas, fracaso renal agudo, nefropatía hipopotasémica), así como múltiples complicaciones en el tracto digestivo como esofagitis, perforación gástrica, pancreatitis aguda e hipertrofia de las glándulas salivares.

Por último, en el caso del Trastorno por atracón, encontramos comorbilidades asociadas, como la diabetes tipo 2, la hipertensión, dislipidemia, trastornos gastrointestinales y del sueño e hipertensión endocraneana. Se ha destacado especialmente la relación entre el síndrome metabólico y el trastorno por atracón, hasta el punto de encontrar una relación directa entre el síndrome metabólico y la severidad del trastorno.

Por ello, independientemente del tipo de trastorno de la conducta alimentaria diagnosticado, es necesario, además de una evaluación psicológica completa, realizar una exploración médica complementaria, con el objetivo de descartar o tratar las complicaciones médicas asociadas. Los trastornos de la conducta alimentaria son trastornos psicológicos graves que requieren de un tratamiento multidisciplinar psicológico, médico y nutricional.

REFERENCIAS:

-          Ministerio de Sanidad y Consumo (2009) Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria.

-          Raich, R.M. (2011) Anorexia, bulimia y otros trastornos alimentarios. Pirámide: Madrid.

-          Acerete, D. M., Trabazo, R. L., & Ferri, N. L. (2013) Trastornos del comportamiento alimentario: Anorexia nerviosa y bulimia nerviosa. Protocolos Diagnóstico-Terapéuticos de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica SEGHNP-AEP, p325-398

Mitos de los Trastornos de la Conducta Alimentaria IV: Como padre, no puedo hacer nada para que mi hijo se recupere.

26 noviembre, 2018 por Item Sin comentarios »

Las investigaciones realizadas en personas con trastornos de la conducta alimentaria (TCA), enfatizan una y otra vez la importancia de la familia dentro de los tratamientos, por múltiples motivos. De hecho, la Guía Nacional Sanitaria (Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud, responsable de promover un tratamiento eficaz en los trastornos mentales), recomienda que la familia sea incluida en el tratamiento de un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA). En general, las pruebas apoyan la utilidad de las intervenciones con la familia en los TCA dirigidas a la calidad de vida de los cuidadores y, a su vez, pueden resultar en mayores beneficios para los pacientes (Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud, 2010).

¿Qué beneficio tiene para la familia acudir al tratamiento?

En primer lugar, lidiar con un trastorno de la conducta alimentaria supone un evento estresante no sólo para la persona que lo sufre, sino también para toda la familia. Múltiples estudios demuestran como la salud mental familiar se ve deteriorada en el proceso, encontrando niveles clínicos de ansiedad en un 37% de los cuidadores y de depresión en un 63,3% (Pla, Moreno, Durá y Dasi, 2014). Trabajar las relaciones familiares e integrar a la familia dentro del tratamiento ha demostrado un descenso en la sintomatología ansiosa y depresiva de los cuidadores (Sepúlveda y col, 2012).

En el Centro ITEM contamos con talleres para familiares basados en el modelo Maudsley desarrollados en el Hospital Maudsley de Londres, a través de los cuales se proporcionan pautas y herramientas para afrontar la sintomatología y se resuelven dudas y dificultades de los familiares. Este servicio es totalmente gratuito para los familiares de los pacientes del centro.

¿Qué beneficios tiene para el familiar con TCA?

Los cuidadores son una de las principales fuentes de información con las que cuenta el terapeuta durante la evaluación y el tratamiento. Además, durante el tratamiento se les va a pedir que colaboren en el proceso para ayudar al paciente a eliminar las conductas patológicas alimentarias y purgativas. A pesar de que uno de los objetivos del tratamiento es conseguir que la persona que sufre TCA sea capaz de mantener unos hábitos saludables por sí misma, durante el proceso va a necesitar que otra persona le ayude a controlar ciertos comportamientos que le generan excesiva angustia.  Por último, algunos comportamientos familiares se han relacionado con la aparición y el mantenimiento de los síntomas de los trastornos de la conducta alimentaria. Aprender a identificar estos comportamientos y modificarlos mejora el proceso de recuperación del paciente.

¿Y si mi familiar no se encuentra actualmente en tratamiento?

Es frecuente que las personas que sufren este tipo de patologías no tengan conciencia de enfermedad y no quieran acudir a tratamiento. Los profesionales especializados estamos acostumbrados a tratar primero con las familias para proporcionar pautas que ayuden a mejorar la situación en el hogar y que las personas que sufren un TCA acepten comenzar un tratamiento. Puedes encontrar más información pinchando aquí.

REFERENCIAS:

Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud (2010) Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria. Madrid:  Ministerio de Sanidad y Consumo

Calvo, Rosa (2002). Anorexia y Bulimia. Guía para padres, educadores y terapeutas. Barcelona: Ed. Planeta

Pla, V., Moreno, E., Fuentes-Durá, I., & Dasí-DOI, C. (2014). Evaluación de un programa psicoterapéutico para cuidadores de pacientes con TCA: Estudio piloto. Informació Psicològica, (106), 28-40.

Sepúlveda, A.R., Graell, M., Berbel, E., Anastasiadou, D., Botella, J., Carrobles, J. y Morande, G. (2012). Factors associated with emocional well-being in primary and  secondary caregivers of patients with eating disorders. European eating disorders review, 20, 78-84.