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Intervención clínica con EMDR

En nuestra práctica clínica cotidiana comprobamos que es muy frecuente la existencia de antecedentes de tipo traumático en diversas patologías, que se acaban manifestando, ya sea de manera psíquica o somática, o ambas. Esto también ocurre con cierta frecuencia en los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA).

El origen de los TCA es multifactorial y en lo relativo a los factores predisponentes, existen estudios que demuestran una elevada prevalencia de algún tipo de trauma en su origen, con una tipología variada: abuso sexual, relaciones parentales disfuncionales, carencias afectivas, acoso escolar, accidentes, violación, muerte de figuras significativas, enfermedades, etc.

Así mismo, la frecuente presencia de sintomatología disociativa en los TCA (algunos estudios concluyen que está presente en un 50% de los casos, porcentaje que llega hasta un 70% en los casos de trauma en la infancia-adolescencia), se encuentra estrechamente ligada con existencia de traumas previos no resueltos. Dicha sintomatología es más frecuente en los casos de Anorexia Nerviosa Purgativa y Bulimia Nerviosa. En muchas ocasiones aparece asociada a conductas de autolesión o/y otros síntomas de descontrol de impulsos, que encontramos en la clínica de los TCA.

Por todo ello parece necesaria la integración en el tratamiento de estrategias dirigidas a la resolución de dichos traumas. En nuestra experiencia, constatamos que existen momentos en la psicoterapia en que las técnicas y herramientas con las que hasta ahora contábamos no resultan suficientes para conseguir que la persona integre de manera adaptativa el recuerdo traumático, y así poder reducir y eliminar de manera estable su sintomatología.

Afortunadamente el desarrollo de las neurociencias en estos últimos años, así como la consiguiente introducción de nuevas técnicas de evaluación más específicas, han permitido una reconceptualización y aplicación de innovadoras técnicas psicoterapeúticas para tratarlo.

El EMDR (Eye movement desensitization and reprocessing) es una de ellas, reconocida como psicoterapia basada en la evidencia por la OMS (Organización Mundial de la Salud), y que en 2010 recibió el más alto sello de aprobación dado por el National Registry of Evidence-Based Programs and Practices (NREPP), registro que depende del Substance Abuse & Mental Health Services Administration e integrado en el U. S. Department of Health and Human Services. Está también avalada por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) y por diversas guías clínicas internacionales de tratamiento de estrés prostraumático.

Es una potente herramienta terapeútica, innovadora y nada intrusiva, pero es importante matizar que, dada su complejidad, debe aplicarse únicamente dentro de un marco terapéutico seguro y controlado, por un profesional no sólo experto en la técnica en sí, sino también con un entrenamiento y bagaje profesional en psicopatología y psicoterapia.

El EMDR fue desarrollado por la doctora Francine Shapiro en origen para la curación del estrés postraumático en veteranos de guerra, pero hoy en día se ha comprobado su eficacia en otras muchas patologías y su uso se ha extendido a ellas.

Es un método integrador en el que se incluyen elementos de diferentes terapias, con un origen neurofisiológico y que se basa en la estimulación alternativa de los hemisferios derecho e izquierdo mediante movimientos oculares u otros tipos de estimulación (toques suaves en las manos o tonos auditivos).

De plena actualidad, constituye una de las técnicas más innovadoras y eficaces en la psicoterapia presente y futura.

Existen estudios que demuestran la mayor eficacia de la aplicación de EMDR en conjunción con la terapia cognitivo-conductual para la reducción de sintomatología relacionada con imagen corporal, y para la mejora del autoconcepto y autoestima de manera más estable en el tiempo, que, como sabemos, es algo esencial en este tipo de patología.

Además, otro factor a tener en cuenta es la elevada comorbilidad de los trastornos alimentarios con otro tipo de patologías (trastornos de ansiedad, trastornos afectivos, trastornos de personalidad, depresión, etc.), que hace que también podamos trabajar con este abordaje incidiendo sobre ellos, para reducir y eliminar la sintomatología asociada.

Los profesionales (psicólogos y psiquiatras) que utilizan el EMDR para el tratamiento de los TCA comprueban cada vez de manera más fehaciente, que el beneficio de su utilización como parte del tratamiento en este tipo de trastornos es similar que el ya evidenciado en otras muchas patologías con etiopatogenias similares, aunque con sintomatologías distintas.