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Mitos de los trastornos de la conducta alimentaria V

7 diciembre, 2018 por Item Dejar una respuesta »

Si una persona no está extremadamente delgada, no está enferma

La Anorexia Nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) que se caracteriza por una pérdida significativa de peso y la presencia de un índice de masa corporal inferior a lo esperable para la edad y el sexo de la persona que lo padece. A pesar de ser uno de los TCA más conocidos y que más se han mostrado a través de los medios de comunicación no se trata del trastorno alimentario más frecuente en la población.

En España, las investigaciones indican que la prevalencia de los trastornos de la conducta alimentaria se encuentra entre el 4,1 y 6,4% de las mujeres de entre 12 y 21 años, ya que este sector de la población es el que se considera de mayor riesgo para desarrollar esta patología. En el caso específico de la Anorexia Nerviosa, la prevalencia disminuye a un rango entre el 0,14% y el 0,9% de las mujeres entre 12 y 21 años (Raich, 2011; Ministerio de Sanidad y Consumo, 2009). Estas cifras son un ejemplo que nos indica que la mayor parte de los pacientes que presentan un trastorno de la conducta alimentaria no tienen por qué encontrarse en un peso bajo.

Valorar la pérdida de peso como el principal síntoma de un trastorno de la conducta alimentaria no sólo implica mantener un mito, sino que además puede llevarnos a subestimar la gravedad de la patología alimentaria o ayudar a desarrollar angustia en la persona que lo sufre por miedo a no estar “suficientemente enferma” o no merecer tratamiento.

Un gran número de personas que sufre un trastorno de la conducta alimentaria no pierden peso, e incluso pueden aumentar de peso como resultado de su trastorno.

¿Es menos grave un trastorno si no me encuentro en bajo peso?

Todos los trastornos de la conducta alimentaria implican graves consecuencias para la salud. En el caso de la anorexia nerviosa, podemos encontrar complicaciones metabólicas (Hipercolesterolemia, distermia, hipercarotinemia), complicaciones cardiovasculares (bradicardia, hipotensión), renales (alteraciones hidroeléctricas, fallo renal), entre otras muchas.

En el caso de la bulimia nerviosa, encontramos también complicaciones metabólicas (alcalosis hipoclorémica), cardiovasculares (prolapso mitral), renales (alteraciones hidroeléctricas, fracaso renal agudo, nefropatía hipopotasémica), así como múltiples complicaciones en el tracto digestivo como esofagitis, perforación gástrica, pancreatitis aguda e hipertrofia de las glándulas salivares.

Por último, en el caso del Trastorno por atracón, encontramos comorbilidades asociadas, como la diabetes tipo 2, la hipertensión, dislipidemia, trastornos gastrointestinales y del sueño e hipertensión endocraneana. Se ha destacado especialmente la relación entre el síndrome metabólico y el trastorno por atracón, hasta el punto de encontrar una relación directa entre el síndrome metabólico y la severidad del trastorno.

Por ello, independientemente del tipo de trastorno de la conducta alimentaria diagnosticado, es necesario, además de una evaluación psicológica completa, realizar una exploración médica complementaria, con el objetivo de descartar o tratar las complicaciones médicas asociadas. Los trastornos de la conducta alimentaria son trastornos psicológicos graves que requieren de un tratamiento multidisciplinar psicológico, médico y nutricional.

REFERENCIAS:

-          Ministerio de Sanidad y Consumo (2009) Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria.

-          Raich, R.M. (2011) Anorexia, bulimia y otros trastornos alimentarios. Pirámide: Madrid.

-          Acerete, D. M., Trabazo, R. L., & Ferri, N. L. (2013) Trastornos del comportamiento alimentario: Anorexia nerviosa y bulimia nerviosa. Protocolos Diagnóstico-Terapéuticos de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica SEGHNP-AEP, p325-398

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