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¿POR QUÉ MI HIJA ME TRATA MAL?

21 enero, 2010 por Item Dejar una respuesta »

¿POR QUÉ MI HIJA ME TRATA MAL?

En consulta, de forma habitual los padres describen un cambio de actitud en sus hijas. Una vez instaurado el problema, es frecuente que observéis alteraciones en su ánimo y en muchos de sus comportamientos. Todos ellos, indicadores de la presencia de un Trastorno alimentario.

Generalmente se muestran irritables y en ocasiones expresan su malestar con la familia. Normalmente suele ser la madre quien de forma reiterada pregunta “¿Por qué mi hija me odia?” ¿Qué le he hecho yo?”. Se añade que los comentarios hirientes e incluso en ocasiones las actitudes agresivas, se dirigen hacia la figura que más se implica en los cuidados y por regla general, suele ser la figura materna.

Un aspecto importante es que no os culpabilicéis, ya que este sentimiento os puede bloquear en vuestras funciones como cuidadores. Debéis entender que no solo os pasa a vosotros, si no que este cambio de actitud se dan en muchas chicas(os) que sufren este problema. Generalmente hacen grandes sacrificios por no comer, pasan mucha hambre. Esta deprivación, ya les sitúa en un estado de ansiedad e irritabilidad. Se añade que todo este malestar se intensifica cuando comen algo fuera de lo planificado o cuando se descontrolan con la comida. Esto les lleva a sentirse fatal consigo mismas. El remordimiento y la frustración por no poderse controlar, desencadena a veces conductas agresivas hacia si mismas o hacia los demás.

En Las etapas iniciales del problema, es habitual que encubran síntomas, que nieguen su problema o que minimicen aquello que les esta pasando. Esta es una época dura. La familia intenta seguir las pautas del tratamiento. Esto implica servir la comida, poner límites a la restricción alimentaria, a los vómitos…etc. La respuesta habitual de la paciente es enfadarse por que no quiere comer o porque le asusta tomar determinados alimentos. Incluso cuando se da un atracón puede culpabilizar a la familia porque ha comprado alimentos que para ella son prohibidos o porque le han dejado sola en casa o incluso porque no le han cerrado la cocina. Sin embargo, conviene que no os dejéis llevar por estas exigencias, todas producto de sus miedos. Es importante que os guiéis por las pautas de los profesionales responsables en su tratamiento.

Enfadarse y responder con actitudes agresivas o reproches no servirá de nada. La calma y la serenidad es vuestro mejor aliado y el camino para ayudarles. . Recordar, ayudar a vuestra hija conlleva adaptarse al tratamiento y no a la enfermedad

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